Mike Bloomberg 2020

Mantente en contacto

Al Día con Mike

Mantente en contacto

Discurso tal como se pronunció: Mike Bloomberg pronuncia un importante discurso sobre su identidad y valores judíos y su apoyo a Israel

January 26, 2020

“Buenas tardes. Alcalde Levine, gracias por ese apoyo y por todo el buen trabajo en tantos temas tan diferentes, incluyendo el cambio climático. Y gracias por esa brillante introducción, y me alegra que lo haya leído tal como lo escribí.

Permítanme también agradecerle al Rabino Berkun, por ser tan acogedor, es genial estar aquí.

Agradezco todas las palabras amables de mis amigos Nachum, Abby y Patricia, y del Rabino Telushkin, y quería agradecerles a todos por haber venido hoy a la sinagoga.

Además, tenemos una sala adjunta, lo cual es vergonzoso pues no teníamos suficiente espacio. En realidad, es un problema muy agradable. Y aquellos de ustedes que están atrapados en la sala adjunta, dondequiera que estén, en qué dirección, no lo sé, les agradezco mucho y lamento que no hayamos podido acomodarlos a todos. Pero aquí estamos.

Sé que la porción de la Torá de ayer comenzó las 10 plagas, y trataré de no someterlos a lo que yo llamo la 11.a plaga: un discurso realmente largo.

Estoy muy contento de estar con todos ustedes hoy aquí en Aventura, y no solo porque es invierno en Nueva York. Pero estar aquí me recuerda que cuando era niño me dijeron que había dos tierras prometidas: una tenía leche y miel, la otra tenía a Miami Beach y a Wolfie’s Deli. Ahora Wolfie’s puede haber desaparecido, pero el recuerdo de sus pepinillos vivirá para siempre.

También me alegra hablar ante una comunidad judía tan diversa y multilingüe. No sabía si empezar diciendo Shalom o saludos, o ambos.

Pero sé que están acostumbrados a ver neoyorquinos aquí en el sur de Florida. ¿Tenemos algún neoyorquino aquí hoy? Te necesitamos de vuelta en algunas de las tiendas, y necesitamos más contribuyentes, y todo ese tipo de cosas.

Solo espero que todos ustedes hayan votado por el candidato correcto para la alcaldía en 2001, 2005 y 2009. Y si no lo hicieron, tendrán la oportunidad de corregir eso en el 2020.

Ahora, sé que no soy el único candidato judío que está compitiendo para la presidencia. Pero soy el único que no quiere convertir a Estados Unidos en un kibbutz.

He pasado mucho tiempo en sinagogas durante mi vida, pero mis padres me enseñaron que el judaísmo es más que solo ir a la sinagoga. Se trata de vivir nuestros valores, incluyendo nuestras obligaciones de ayudar a los demás, de ‘reparar el mundo’ en la tradición del Tikun Olam, y se trata de venerar el milagro que representa el Estado de Israel, que para su generación fue un sueño cumplido ante sus propios ojos.

Mi madre y mi padre nunca tuvieron los medios para visitar Israel cuando yo era niño, pero tuve la suerte de viajar allí muchas veces, incluso en un vuelo de El Al que tomé cuando la FAA les prohibió a las compañías aéreas estadounidenses volar a Israel durante el conflicto de Gaza en 2014. Y fue mi pequeña forma de demostrarle al mundo que los judíos nunca dejarían que el miedo al terrorismo nos mantuviera fuera de Israel. Nunca.

Más tarde, más de una vez ya de adulto, fui con mi difunta madre a ver el banco de sangre Magen David Adom que nombramos en honor a mi padre, y el ala del Hospital Hadassah que nombramos en honor a mi madre.

Así que es con un apego personal a Israel que digo que, como presidente, siempre apoyaré a Israel.

Nunca impondré condiciones a nuestra ayuda militar, incluyendo la defensa con misiles, sin importar quién sea el primer ministro. No esperaré tres años para hacer público un plan de paz israelí-palestino. Nunca abandonaré nuestro compromiso de garantizar la seguridad de Israel.

Esa es una gran parte de la razón por la que estaba en contra del acuerdo iraní original. Me pronuncié en contra porque pensé que nuestro compromiso con la seguridad de Israel nunca debe flaquear, ni terminar, y porque el acuerdo debería haber hecho más para abordar el programa de misiles balísticos de Irán y el financiamiento del terrorismo.

Pero mi compromiso con Israel es también la razón por la que me opuse a la decisión del presidente Trump de abandonar unilateralmente el acuerdo y a nuestros socios en Europa, porque pensé que hacerlo equivalía a darle a Irán permiso para relanzar su programa nuclear.

Y después de años de cumplimiento, Irán marcha una vez más hacia el desarrollo de un arma nuclear.

Como presidente, trabajaré para hacer el acuerdo más firme posible para limitar la agresión y las ambiciones territoriales del régimen iraní, y poner fin a su programa nuclear, porque el mundo nunca debe permitir que Irán amenace a Israel y a toda la región con un ataque nuclear.

Ahora, tristemente, la violencia que siempre ha amenazado a Israel está asomando su horrible cabeza aquí en Estados Unidos con una frecuencia alarmante. En los últimos años, hemos visto un aumento profundamente inquietante de la violencia antisemita. Los judíos han sido blanco de asesinatos en sinagogas como esta, y sé cuán conectados están todos ustedes con la comunidad del Tree of Life en Pittsburgh ya que el Rabino Berkun creció en esa sinagoga.

Su padre es el rabino emérito de allí, y su padre habría estado en los servicios ese día si no se hubiera quedado en casa porque su esposa estaba enferma. Eso es lo único que lo mantuvo alejado de su asiento habitual en los bancos, directamente en la línea de fuego.

Tree of Life fue también la sinagoga a la que asistía mi hermana Marjorie cuando vivía en Pittsburgh hace muchos años. Ella tiene muchos buenos recuerdos de su tiempo allá, así que fue profundamente personal para ella y para toda nuestra familia también.

Por supuesto, aunque el ataque de Pittsburgh nos afectó a todos, no fue para nada un incidente aislado. Este es un momento de gran ansiedad en la comunidad judía, tanto en el mundo como aquí en casa, ya que los antiguos odios se actualizan con las nuevas tecnologías.

Nos enfrentamos a realidades que pensábamos que nunca veríamos fuera de los viejos noticieros en blanco y negro: sinagogas atacadas, judíos asesinados, nazis marchando descarada y abiertamente a la luz de las antorchas. No en otro país, sino aquí en Estados Unidos, en nuestra Medina de Oro.

Desde el ataque a Tree of Life, los judíos han sido blanco de asesinatos en más de una docena de sinagogas a lo largo de Estados Unidos, incluyendo una no muy lejos de aquí en el Young Israel de Miami.

En el área de Nueva York, las balas atravesaron una tienda kosher en la ciudad de Jersey donde mi madre creció. Las ventanas de una sinagoga de Brooklyn se rompieron durante Rosh Hashaná. Los judíos han sido golpeados y acosados en las calles.

El hecho es que los ataques a los judíos, especialmente a los ortodoxos, han estado ocurriendo con una regularidad espantosa. Y mientras estos ataques ocurren, nuestros hijos nos miran a la cara buscando respuestas, para que los tranquilicemos, para que los protejamos.

Una solución es asegurar nuestras sinagogas, hacer que nuestras puertas sean a prueba de balas, instalar bolardos e instalar más cámaras. Y tristemente, supongo que debemos hacer estas cosas. Pero mientras endurecemos nuestros edificios, nunca debemos endurecer nuestros corazones.

Durante 12 años, fui el alcalde de la ciudad más grande y diversa de la nación. Esos tres mandatos me enseñaron que la diversidad es nuestra fortaleza. Como dijo el Dr. Martin Luther King, Jr., nos une en una sola prenda de destino.

Por eso nunca estuve más orgulloso que cuando me paré a la sombra de la Estatua de la Libertad y sostuve que los neoyorquinos musulmanes tenían todo el derecho de construir una mezquita en cualquier lugar de nuestra ciudad, incluso cerca del World Trade Center.

La oposición a una mezquita en la ciudad de Nueva York no fue un incidente aislado. Y cuando se mira alrededor de Estados Unidos, es claro que estamos enfrentándonos no solo a otra epidemia de antisemitismo, sino a una creciente marea de odio en gran escala.

Porque el hecho es que ha habido un aumento en los ataques a todos los grupos que tienen una larga historia de ser chivos expiatorios y reprimidos por ser los otros, los diferentes, los menores y menos que totalmente americanos. No solo hablo de los judíos, sino también de los inmigrantes, los musulmanes, los afroamericanos, las mujeres y la comunidad LGBTQ.

Así que debemos preguntarnos, ¿por qué han aumentado estos ataques? ¿Qué ha cambiado?

No hay una sola respuesta, y ninguna persona tiene toda la culpa. El antisemitismo difícilmente es el dominio exclusivo de un partido político. Se le puede encontrar tanto a la derecha como a la izquierda, en las plazas de la ciudad y en los patios del campus.

Pero hay un hecho que no podemos ignorar: el liderazgo presidencial importa.

Cuando el presidente llama a sus partidarios verdaderos estadounidenses, mismo lenguaje que los nativistas, los antisemitas y el KKK utilizaron durante muchas décadas, socava nuestros valores nacionales fundamentales.

Cuando guarda silencio, e incluso apoya con sus palabras y tuits, mientras los grupos racistas propagan el odio, pone en riesgo la seguridad pública de nuestras comunidades.

Y cuando promueve teorías de conspiración que se construyen sobre mentiras y prejuicios, debemos recordar: el antisemitismo es la teoría de conspiración original. Y un mundo en el que un presidente trafica con teorías de conspiración es un mundo en el que los judíos no están seguros.

No se puede escapar de la línea directa entre su conducta en el cargo y el aumento de los ataques violentos contra grupos minoritarios en todo el país.

Ahora, además de socavar los valores estadounidenses y poner en peligro a los ciudadanos estadounidenses, la cultura tóxica que el presidente ha creado está dañando nuestra relación con Israel. Y he aquí por qué: desde el principio, el apoyo de Estados Unidos a Israel ha sido fuerte y ampliamente bipartidista. Pero en los últimos años, hemos empezado a ver grietas preocupantes en ese bipartidismo.

Y, sin embargo, en lugar de reparar las grietas, el presidente las ha separado tratando de usar a Israel como una cuña para su propio propósito electoral. Para mí, eso es una vergüenza. Nunca debemos permitir que Israel sea una pelota de fútbol que los políticos estadounidenses patean para tratar de ganar puntos.

La relación entre nuestros dos países ha sido tan fuerte porque trasciende la política partidista aquí y en Israel, y se basa en nuestros valores compartidos: la libertad y la democracia, la ley y la justicia, la integridad y la compasión.

Esas son solo palabras huecas para nuestro presidente. Pero para mí, lo son todo.

Ahora, hay quienes citarán el traslado de la embajada a Jerusalén como una razón para apoyar al presidente. Y a esto le digo muy claramente: si soy elegido, nunca tendrán que elegir entre apoyar a Israel y apoyar nuestros valores aquí en casa. Defenderé ambos, porque a diferencia de este presidente, ustedes y yo sabemos que están inextricablemente unidos.

Los Estados Unidos, como Israel, son una expresión de nuestros valores más profundos. Y a lo largo de nuestra historia, hemos visto que la mejor garantía de seguridad en este país es el estado de derecho, no la proximidad al trono de los poderosos.

La Biblia, y nuestra historia, enseña que siempre habrá un faraón que no conozca a José. Y en esos tiempos, en todos los tiempos, debemos depender del estado de derecho y de la garantía de que todos somos iguales ante él.

Cuando Moisés descendió del monte Sinaí, aplastó el becerro de oro y levantó en su lugar una tabla de leyes, de reglas y de normas. Y cuando fallan, ocurre una tragedia. Lo sabemos, porque lo hemos visto demasiadas veces.

Mañana es el 75.o aniversario de la liberación de Auschwitz. Recuerdo haber visitado Auschwitz hace un par de años, caminando por los mismos senderos que nuestros antepasados recorrieron hasta las cámaras de gases y los hornos.

Y mientras nos preparamos para conmemorar el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto el día de mañana, se nos recuerda lo que enseña el rabino Sacks de Gran Bretaña, ‘El odio que comienza con los judíos nunca termina allí’. Y también lo sabemos, ¿no? Que lo que empieza con otros puede terminar con nosotros.

Así que cuando a los niños se les arranca sus madres en la frontera porque su piel es más oscura, o cuando a los inmigrantes se les niega la entrada por su religión o nacionalidad, escuchamos los ecos oscuros de la historia, mientras que otros escuchan el silbido de un perro y se ensalzan y se empoderan.

El liderazgo marca el tono. Es incluyente o excluyente, divisivo o unificador, incendiario o pacífico. O bien apela a ‘gente muy buena en ambos lados’ de la intolerancia, o la rechaza inequívocamente.

Bueno, para mí, no existe tal cosa como un supremacista blanco ‘muy fino’. Elijo la inclusión. Elijo la tolerancia. Elijo a Estados Unidos.

Como presidente, no avivaré las llamas del odio, sino todo lo contrario. Calificaré los crímenes de odio como terrorismo interno y acusaré a los autores de acuerdo con ello. Lanzaré un esfuerzo nacional y coordinado, dirigido por el FBI y el Departamento de Justicia, para tomar medidas enérgicas contra los extremistas violentos.

Ampliaré la campaña del Departamento de Educación para detener el bullying, para que podamos poner fin al bullying en las escuelas, incluso en los campus universitarios.

Y nunca me quedaré de brazos cruzados frente al odio… contra nadie.

Esa es una lección que mis padres me enseñaron. Cuando era niño, vi a mi padre hacer un cheque a la NAACP por $25 o $50, lo cual era mucho dinero para nosotros. Mi padre nunca ganó más de $6,000 en el mejor año de su vida. Pero recuerdo haberle preguntado: ‘Papá, ¿por qué estás escribiendo este cheque?’ Y nunca olvidaré su respuesta. ‘Estoy escribiendo este cheque’, me dijo, ‘porque la discriminación contra cualquiera nos amenaza a todos’.

No me di cuenta en ese momento, pero esa lección salió directamente de Vayikra: Lo ta’amod: ‘No te quedes de brazos cruzados mientras se derrama la sangre de tu vecino’ Y creo que debemos tomar esa enseñanza muy en serio el día de hoy. No debemos quedarnos de brazos cruzados. Hay demasiado en juego.

Ahora bien, ya que estamos en la sinagoga, debo mencionar que todo esto se relaciona con la porción de la Torá de esta semana, que volvemos a contar en el Séder de la Pascua. Y sabemos que cada generación tiene la obligación de contar la historia de la Pascua y, al contarla, revivirla cada año, como si nos hubiera pasado a nosotros, personalmente. Porque lo que heredamos, debemos compartirlo. No somos espectadores de la historia. Somos sus participantes.

La democracia también es así. Es nuestro deber renovar y fortalecer este gran experimento democrático, en cada generación. A veces la democracia es un derecho de nacimiento. A veces es un regalo. Y a veces es una pelea.

Hoy, es una pelea, y les pido que se levanten y peleen conmigo. Como orgullosos estadounidenses, y como orgullosos judíos.

Levántense junto a mí y luchen por los Estados Unidos de nuestros padres y nuestros abuelos, que lucharon por llegar aquí y salir adelante cuando llegaron, y por nuestros hijos y nuestros nietos, y por todos nosotros.

Espero que estén de acuerdo en que las elecciones de 2020 no son unas elecciones ordinarias. Algunas elecciones tienen que ver con la diferencia entre los tipos impositivos marginales, o la deuda nacional, o los uniformes escolares.

Esta elección es mucho más que eso. Esta elección es un referéndum sobre el significado de los Estados Unidos. Se trata de lo que les diremos a nuestros hijos y a nuestros nietos sobre lo que hicimos en este momento, en esta ocasión.

Esta elección se trata de si reconocemos que todos los grupos que han sido marginados, excluidos, reprimidos, como chivos expiatorios, denigrados, o mucho peor, se levantan y caen juntos. Y que nuestra mejor esperanza, y nuestra única esperanza, está en permanecer juntos, rechazando a los demagogos que tratan de seducirnos dividiéndonos, y uniéndonos detrás del único escudo que puede protegernos: nuestros valores comunes como ciudadanos estadounidenses y nuestra humanidad común como hijos de Dios.

De eso se trata esta elección. Y es por eso por lo que estoy compitiendo, para unir a Estados Unidos nuevamente, para reparar el daño y para hacer avanzar a nuestra nación.

Juntos, pondremos manos a la obra. Gracias.”

Ver noticias